EL ORIGEN
Cuentan los viejos del valle que, hace siglos, en las tierras secas y polvorientas del norte de México, se erguía un molino de trigo que dominaba la región. No era un molino cualquiera: sus muros de piedra oscura, agrietados por el tiempo y el sol, parecían guardar secretos que nadie se atrevía a pronunciar.
El dueño de aquel molino era un español cruel, un hombre endurecido por la codicia y sin un gramo de compasión. Desde la aurora hasta la última luz del día, obligaba a los campesinos a trabajar sus campos. Ellos, hombres y mujeres de manos ásperas y rostros surcados por la fatiga, sembraban y cosechaban trigo sin descanso. Y, sin embargo, apenas probaban un pedazo de pan.